20 Jun 2026 07:27

EE.UU. vuelve a ser sede del Mundial 32 años después. El fútbol estadounidense ya no es el mismo

EE.UU. vuelve a ser sede del Mundial 32 años después. El fútbol estadounidense ya no es el mismo

En 1994, la selección estadounidense debutó en un Mundial en casa con un soso empate sin goles ante Suiza – y 15 de sus jugadores ni siquiera tenían contrato profesional. Hoy, trece de los 26 convocados juegan en las cinco mejores ligas de Europa. El intervalo entre esos dos momentos es la historia de una transformación estructural que pocas federaciones lograron replicar.

De campos sin club al fútbol europeo

El Mundial de 1994 se celebró en Estados Unidos en una época en que el país apenas tenía infraestructura para sostener a sus propios jugadores. Alan Rothenberg, presidente de la federación entre 1990 y 1998, fue directo: “Nuestros jugadores no conseguían empleo fuera del país, así que creamos un campamento de residencia de 16 meses en Mission Viejo para prepararlos.” Era lo que había. No había liga nacional de alto nivel, no había centro de entrenamiento, no había academia de base estructurada.

El escenario se puso patas arriba. La MLS se fundó en 1996, dos años después, y hoy está entre las ligas más valiosas del mundo, según datos de Forbes. Más importante: las academias de la liga formaron buena parte de la generación actual, incluyendo a Tyler Adams, Weston McKennie y Giovanni Reyna, todos revelados por el sistema MLS antes de migrar a Europa.

Infraestructura de vanguardia e identidad en construcción

En 2026, la federación inauguró el Arthur M. Blank U.S. Soccer National Training Center, cerca de Atlanta. La inversión llega a casi 200 millones de dólares. Es la base permanente de las selecciones nacionales – algo que potencias como Francia y España ya tenían hace décadas. Para Rothenberg, el cambio va más allá del ladrillo: “Nuestros jugadores siempre vuelven al mismo lugar. Incluso cuando están repartidos por el mundo, se conocen, juegan juntos. Esto va a crear un estilo estadounidense.”

El torneo actual ya da señales de que la apuesta tiene sentido. El debut de la USMNT en este Mundial – una goleada por 4 a 1 sobre Paraguay – fue visto por más de 18 millones de personas y se convirtió en el partido más transmitido.

Superar la fase de grupos ya no es sorpresa. En las últimas ediciones, la selección ya demostró tener consistencia para ello. El problema es otro. Sin un momento icónico – algo comparable al gol de Landon Donovan en el último minuto ante Argelia en 2010, o a las 16 atajadas de Tim Howard ante Bélgica en 2014 – es difícil atrapar el imaginario del aficionado que no sigue el fútbol todo el año.

El desafío de Mauricio Pochettino es exactamente ese: entregar una escena que se repita en las redes sociales durante años. Vencer a una selección de peso en los octavos, o al menos ofrecer un partido memorable, puede ser el punto de inflexión. El plantel tiene calidad técnica para ello. Falta el momento. Y el Mundial en casa es, probablemente, la mejor ventana de la generación para crearlo.

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